A más de dos años de la represión en el Hospital Borda, El Grito del Sur se acercó a dialogar con Alfredo Moffat y el Taller del Tomate, referentes del área y luchadores por la salud mental para conocer que pasa hoy con la situación de los locos y los manicomios.

La nueva Ley Nacional de Salud Mental, aprobada en el 2010 en el Senado con 47 votos a favor, una abstención y ningún voto en contra, apunta a una revisión de la perspectiva respecto a las personas que sufren algún tipo de padecimiento mental. El espíritu de la ley se orgina en el concepto de desmanicomialización: evitar la internación prolongada y el encierro de los pacientes en institutos neuropsiquiátricos. Por el contrario, las internaciones sólo debieran llevarse a cabo cuando aporte mayores beneficios que el resto de las intervenciones realizables en su entorno familiar, comunitario o social. A su vez, se prohibe crear nuevos centros monovalentes y disminuir el funcionamiento de los actuales manicomios.

Alfredo Moffat, referente de la psicología social entrevistado por El Grito del Sur, nos habló del progreso en lo que respecta a las internaciones involuntarias, pero también a otra modalidad más integral y humanística para tratar los trastornos mentales. Para él, el concepto de desmanicomialización “es una tontería, lo que hay que hacer es una comunidad terapéutica. Sería lo mismo que no anden los quirófanos y entonces propongamos una desquirofanización”.  En cambio, las comunidades terapéuticas, según Moffat, tienden a mejorar las condiciones en que se trata la locura y a estimular el trabajo en grupo.

La nueva legislación hace hincapié en los derechos humanos de los pacientes reconociendolos como sujetos de derecho. La persona con alguna dolencia mental posee el derecho a recibir tratamiento y a ser tratado con la alternativa terapéutica más conveniente, que menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y comunitaria. Según Moffat, lo primero es evitar caer en miradas represivas: “La policía reprime los actos, los psiquiatras las ideas distintas”.

Frente a la preponderancia de los médicos psiquiatras en el ámbito de la salud mental, en complicidad con la industria farmacéutica, la ley 26.657 propone la democratización en conjunto al trabajo interdisciplinario. Se debe promover que la atención mental esté a cargo de un equipo interdisciplinario de profesionales, técnicos y trabajadores capacitados para su función. A su vez, podrán acceder a los concursos para los cargos de conducción, todos los profesionales con título de grado en las disciplinas de salud mental.

Para Alfredo Moffat, el Estado debería dejar de estimular la psiquiatría represiva, dependiente de los laboratorios: “Un psiquiatra actualmente es un policía de blanco, lo que hace es medicar. A veces yo he dicho que los psiquiatras son como veterinarios, nunca hablan con el paciente.”

Si bien esta ley abre el debate, en la actualidad predomina el tratamiento medicamentos y se bastardea al resto de las terapias alternativas para tratar un trastorno mental, y con esto a los profesionales que la lideran. Moffat se exaspera al manifestar que él está dos horas con “el loco” para entender qué y cuándo le pasó lo que lo aflige. Mientras el psiquiatra en diez minutos le mira la cara, confecciona la receta y cobra el mismo honorario.

Contra esto vienen luchando el grupo humano que realiza el Taller del Tomate, que funciona en el Borda desde el año 2012. Nació a partir de la iniciativa de un grupo de profesionales y estudiantes con el objetivo de integrar a los compañeros del Hospital Borda a partir del trabajo colectivo, horizontal e integrador como pilares fundantes de esta actividad. Sofía López, integrante del taller, nos cuenta su carácter transformador: “uno de los objetivos principales es que las personas que están acá internadas puedan salirse del lugar pasivo en el que se los ubica en el hospital, ser receptores de medicación, recibir la atención únicamente una vez por semana con el psicólogo y psiquiatra”. Por el contrario, lo que busca el Taller del Tomate es que las personas que participan recuperen su historia, su poder de decisión poniendo el acento en el arte y en el trabajo colectivo, tanto es así que el año pasado junto a todos los compañeros, lograron hacer una revista que están difundiendo.

Pero también les tocó resistir el avasallamiento de derechos por parte del Gobierno de la Ciudad. El 26 de abril de 2013, antes del amanecer, la Policía Metropolitana entró a los terrenos del hospital para garantizar que una empresa contratista pudiera tirar abajo el taller protegido 19. El objetivo: construir un centro cívico y  garantizar un nuevo negocio inmobiliario. Ante la resistencia, reprimió a los profesionales, pacientes y periodistas, y se avanzó en la demolición de todo el sector donde funcionaban los talleres del Borda.

Diversas organizaciones sociales que luchan por una mejora en la salud pública coinciden que, teniendo una legislación progresiva y que habilita nuevos derechos, de lo que se trata es de avanzar en exigir su efectivo cumplimiento. El manicomio es más que una institución aislada: es la lógica instalada en la sociedad que dicta que el loco es peligroso, representa una amenaza y que por lo tanto debe ser encerrado. La desmanicomialización es una batalla que comienza en el Hospital pero continúa como un proceso de debate más amplio para romper con los barrotes del manicomio, al mismo tiempo que con los barrotes del estigma.

Psiquis a la deriva

La salud mental en la Ciudad de Buenos Aires, actualmente viene atravesando una difícil situación: falta de presupuesto, deterioro de centros de atención y hospitales, y el incumplimiento de las leyes que la protegen (ley 448 de la ciudad, ley 26.657 nacional).

Por este motivo estuvimos conversando con Alfredo Grande, psicoanalista, médico psiquiatra y uno de los que preside la cooperativa de salud mental Atico. Cooperativa que trabaja en forma colectiva y sin jerarquías, integrando a los pacientes a la comunidad a través talleres de expresión artística.

Para empezar, Alfredo nos explico que: “a nivel de la Ciudad se está volviendo al viejo tema de psicología y psiquiatría. Se está abandonando el concepto de salud mental”. Según él, esta idea de salud mental va de la mano de lo multidisciplinario y se enfoca más en la prevención y rehabilitación de los pacientes para que no lleguen a estar enfermos o tengan que estarlo por cerca de 30 años. Pero esto va desapareciendo por falta de presupuesto y se lo reemplaza por pequeñas clínicas psiquiátricas que tampoco cuentan con recursos y que no resuelven el problema de fondo. Además de dejar en ruinas a los hospitales como el Borda, el Moyano y el resto de los centros de salud mental de la ciudad, dejando sin lugar a los pacientes.

¿Y las leyes?

Las leyes que hay, y que están basadas en el enfoque multidisciplinario y comunitario, como por ejemplo la ley nacional 26.657, “no tiene los recursos necesarios para aplicar ese abordaje interdisciplinario” afirmó Alfredo Grande.  Y la ley de la ciudad (que esta hace más de diez años), “está detenida y es letra muerta. Desde la Cooperativa Atico formamos parte del Foro de profesionales en Salud Mental, que es un grupo asesor no vinculante y que no se está reuniendo, ni siquiera está siendo convocado para aplicar esta ley”, según Alfredo Grande pudo constatar.

A esta situación se le suma la cuestión del presupuesto destinado para la salud en la ciudad: “no se ejecuta el presupuesto que se aprueba, o sea que queda un montonazo de partidas sin ejecutar; se subejecutan. Y no creo que se ejecute ni la mitad del presupuesto.”

El cooperativismo como alternativa

Una de las formas de abordaje multidisciplinaria y colectiva de salud mental, es el cooperativismo. La Cooperativa Atico durante sus 30 años de vida, casi no ha recibido plata del Estado: “el cooperativismo no está dentro de la ley de salud mental nacional”, siendo el sector cooperativista aquel que permite que la salud no esté atravesada por el lucro. Además, mediante un decreto presidencial, este sector es asimilado con prepagas que generalmente son transnacionales, explicó Grande.

Pero aún así, Alfredo y su equipo de Atico no se rinden, peleando por lugares donde “los tiempos son acorde a los pacientes, con actividades comunitarias como aquellas articuladas con el arte, denominadas “Implicarte”. Y donde “el tema es que con la formación que hay, con el tipo de políticas que hay, con leyes buenas pero que no tienen recursos, yo no voy a decir que voy a cambiar todo, pero por lo menos Atico es algo muy distinto”.