El ministro de Justicia, Germán Garavano, llegó a decirles que tomar colegios es "ilegal" y que tal decisión es "repudiable". A coro, la cadena nacional oficialista los tomó por irresponsables. Ellos dicen que si no hay lucha, no hay educación pública. En quinto año prefieren estudiar y elegir ellos mismos si trabajar -o no- y para quién. Que los "adultos" funcionarios del Ejecutivo porteño sólo les mostraron un Power Point para hablarles de su futuro. Quieren educación con perspectiva de género, educación sexual, y ejercer libremente sus derechos políticos. De todo eso hablaron con El Grito del Sur Maite, Camila y Guido, referentes de los centros de estudiantes de sus respectivos colegios.

Maite Aguilar tiene 17 años y cursa el quinto año del secundario en la Escuela Técnica Fernando Fader, en el barrio porteño de Flores. Se sumó al centro de estudiantes el año pasado y este año comenzó a militar en una organización política, Proyecto Popular. La llegada del macrismo al poder “fue como un click”, cuenta, que la impulsó a meterse de lleno en la actividad política. Guido Caruso acaba de cumplir los 18 y atraviesa el último año en la Escuela Che Guevara, en Parque Avellaneda. Se considera una persona “curiosa y participativa”. Su acercamiento al centro de estudiantes se dio este año, luego de varios intentos anteriores en los que se fue porque no se sintió contenido. Uno de sus primeros objetivos como militante fue lograr que más chicas y chicos se acerquen y se animen a participar. Orgulloso, cuenta que muchos jóvenes de primer y segundo año van a las reuniones y se interesan. Quiere ser docente. Camila Manfredi tiene 16 y está en cuarto año en el colegio Julio Cortázar, también en el barrio de Flores, a solo tres cuadras del Fader. En sentido inverso al de la mayoría, empezó a militar en una organización política antes que en su centro de estudiantes. En 2014, cuando tenía 13, se interesó por el conflicto Israel-Palestina, lo que la llevó a una charla del Partido Obrero de cara al Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó ese año en Salta. Desde ese entonces forma parte de las filas del PO. Cuenta que ese primer paso le cambió y le abrió la cabeza a “muchos otros debates, como el aborto”. Finalmente, el año pasado, cuando se cambió de escuela y entró al Cortázar, se metió al centro de estudiantes. El Grito del Sur juntó a los tres, protagonistas de la lucha de los secundarios contra la reforma educativa, para que cuenten ellos mismos, sin ruido massmediático de por medio, los porqué de las tomas, de su militancia y sus convicciones, que las llevan bien puestas.

Secundaria: ¿de qué futuro?

Los y las estudiantes secundarios llevan más de un mes en conflicto, oponiéndose a una reforma educativa cuyos detalles el Ejecutivo porteño comunicó con la mera difusión de un Power Point. En el documento, el Ministerio de Educación, a cargo de Soledad Acuña, describe escasamente una reforma radical del nivel medio, que no involucra únicamente el contenido curricular sino también el rol del estudiante, del docente y el perfil del egresado. Las alarmas se encendieron cuando los estudiantes leyeron el escueto contenido digital: se eliminan las materias tal como ellos las conocen, para ser reemplazadas por áreas que agruparían materias de distintos campos; los docentes sólo dan un 30 por ciento de los contenidos: durante el resto de la clase, los estudiantes desarrollarían un aprendizaje autónomo acompañados por “facilitadores”; y en quinto año, se repartirán el tiempo entre “emprendedurismo” (así, a secas) y “prácticas educativas” en las cuales jóvenes de 17 años realizarían trabajos gratuitos en empresas y/u ONGs.

Para Camila, la reforma “es inaplicable” porque está basada en “la precarización laboral de la juventud”, y fue “planificada en una oficina de cuatro paredes por encima de la comunidad educativa”. Maite y Guido, irónicos, señalan otras prioridades: viandas en mal estado, cierre del programa Conectar Igualdad, ausencia de WiFi en las escuelas, ratas, cucarachas y demás bichos dando vueltas por los patios, techos que se caen. A su vez, explican lo obvio: “esto no es algo que nos involucre únicamente a nosotros o a quienes convivimos diariamente dentro de las aulas, sino que enviar estudiantes a trabajar gratis a empresas implica despidos asegurados para muchos trabajadores y trabajadoras, que van a quedar en la calle, y nosotros no queremos eso”, aclaran.

Luego de un mes de tomas, que puso al conflicto en boca de todos y todas, la ministra citó a representantes de todos los centros de estudiantes de la Capital. Las tomas se suspendieron para dar paso a los canales de diálogo. Sin embargo, desde la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB) que nuclea a una numerosa cantidad de centros de estudiantes, advirtieron que la lucha no terminó. “La ministra me dijo cara a cara que los estudiantes no podemos entender reformas que vienen trabajando desde hace años licenciados en educación, y yo me pregunto: si ni ella lo puede explicar siendo politóloga, ¿por qué se nos acusa a nosotros de no entenderla?” apuntó Guido.

Toma de decisiones

El gobierno, en tanto, apeló a la condena de las tomas de los colegios para deslegitimar el reclamo y a la edad de los pibes para deslegitimarlos como protagonistas de la pelea. “Es una ilegalidad, algo que repudio”, declaró el ministro de Justicia Germán Garavano cuando las tomas estaban en auge y se contaban más de 30. Los pibes contestan:

Guido: Declarar ilegales las tomas es algo insólito, cuando ellos incumplen la ley al no hacer partícipe de la reforma a la comunidad educativa. El derecho a la educación se ejerce también defendiéndola. La Ministra impide que nuestra escuela lleve el nombre del Che Guevara porque piensa que fue un asesino, pero una escuela se puede llamar Julio Argentino Roca que sí fue un asesino y nadie dice nada al respecto.

Maite: Decir que las tomas son ilegales es otra forma de criminalizarnos como lo hicieron al decir que somos unos vagos que queremos fumar porro en el colegio. Creen que la pasamos bien cortando las calles, tomando los colegios, que lo hacemos para romper las bolas, pero la realidad es que si los estudiantes no nos organizamos no se mueve nadie.

Camila: El gobierno maneja constantemente un doble discurso. El presidente Mauricio Macri tiene cuentas offshore: ¿eso no es ilegal? La democracia y la independencia de poderes que nos pintan es una farsa. El conflicto de los secundarios pone de manifiesto la clara dependencia de todos los poderes en relación al gobierno de turno.

Y los medios, ¿qué?

A coro con los funcionarios, los medios de comunicación concentrados reforzaron la criminalización de los chicos. “Estamos en un contexto en el que los medios, lamentablemente, juegan un rol a favor del gobierno, pero no creo que sea por plena elección sino muchas veces por miedo a que los saquen del aire o a ser perseguidos”, piensa Maite. “No hay oposición mediática al gobierno”, sigue, y aclara: “Yo no miro la tele y me doy cuenta de las cosas que pasan. Salgo del colegio y todos los días veo más gente durmiendo en la calle”.

A favor de las tomas, Maite pone el ejemplo de la refacción del aula 1 de su colegio, el Fader, que tuvo poca circulación mediática. “Demostramos el compromiso y la voluntad para arreglar el aula al tiempo que seguimos reclamando que el Estado se haga cargo de la infraestructura, como debería ser”.

Mujer bonita es la que lucha

Las jornadas de Educación Sexual Integral tuvieron que ser organizadas este año por los estudiantes, “porque el Ministerio no se hizo cargo”, dice Maite. En una sociedad en la que muere una mujer cada 18 horas, la juventud no está exenta de ello y Camila lo tiene muy en claro. “Estoy cansada de escuchar casos de violencia y abuso de compañeras y que no exista un protocolo ni un gabinete psicopedagógico en los colegios que atienda estos casos”, se queja. En los últimos días el rector del Colegio Nacional Buenos Aires, Gustavo Zorzoli, hizo público un caso de abuso cometido en el colegio durante el período de toma. A Maite no le gustó. “Mas allá de la bronca que nos da el caso, hay una irresponsabilidad del rector al exponer a la víctima frente a los medios antes de preocuparse por resolver lo sucedido”, denuncia.

Ser o no ser políticos

Desde 2012, los y las adolescentes tienen la posibilidad de votar a partir de los 16 años. “Nos recriminan que hacemos política en los colegios pero el Presidente mismo en un acto por el Día de la Bandera hizo que los chicos canten el lema de su campaña. Si eso no es política ¿qué es?”, reprochó Camila. “Vivimos haciendo política”, agregó Guido y explicó “que un docente de Historia nos diga ‘el día que conquistaron América’ no es igual que decir ‘el día que invadieron América’, y eso es una decisión política”. “Pedir que no haya política dentro de las escuelas es pedir que salgamos sin tener idea de que otra realidad es posible”, concluye.