“Ahora/ahora, resulta indispensable/ justicia por Santiago/ el Estado es responsable”. Una Plaza de Mayo desbordada con más de 120 mil personas. Una ola de silbidos contra Patricia Bullrich. Una familia conmovida por semejante apoyo. Crónica de lo que dejó una nueva movilización por Santiago Maldonado.

Son las cuatro de la tarde y una guía turística, vestida con un traje azul de azafata, habla en inglés desde un megáfono para un grupo de extranjeros frente a la Casa Rosada. Intenta explicar la historia de su construcción. No se escucha. Habla más fuerte y tampoco. Hastiada, ordena con señas mover a los gringos -que no entienden qué pasa- para otro lado. Mientras tanto, por detrás, miles de personas pasan en dirección a la Plaza con banderas, bombos y un mensaje: “¿Qué carajo hicieron con Santiago Maldonado?” Se cumplen tres meses desde que comenzó la búsqueda por la verdad de Santiago y el reclamo de justicia por su desaparición forzada, en manos de Gendarmería, sigue presente y es masivo.

Un río de gente avanza por Avenida Mayo hacia la Plaza cuando Luisa, alta, flaca y con una pollera de flores, intenta armar un atrapa-sueños. Trabaja sobre la calle Perú, vendiendo artesanías. Llegó hace unos años desde Misiones con su pareja. “Santiago era un artista porque trabajaba con las manos, como nosotros. Lo que le hicieron es terrible. Los pobres siempre vamos a perder”, dice mientras enlaza una pluma blanca al colgante.

Plaza de Mayo ahora se desborda. Son las seis y el sol anuncia su retirada, cuando desde el escenario principal, montado de espaldas a la Rosada, comienzan a bajar las primeras arengas. “Ahora/ahora, resulta indispensable/ justicia por Santiago/ el Estado es responsable”. La locutora canta y anuncia que hay 120 mil personas y convocatorias similares en el resto del país y del mundo. Enseguida, Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, toma el micrófono y exige la renuncia de la Ministra de Seguridad, pero antes de que termine de decir su nombre, una ola de silbidos, insultos y caras fruncidas estallan. “Patricia Bullrich”, dice y la cólera de un pueblo ruge.

Sergio, hermano de Santiago, también dice: “Él era un pibe de paz, una vez más reclamamos saber quiénes son los responsables de su muerte. Seguiremos pidiendo justicia por vos”. Y se dirige a los movilizados: “Gracias por apoyarnos en estos tres meses, gracias de corazón, vamos a pedir Justicia todos los días hasta que sepamos la verdad”.

El acto termina de pronto, con la última palabra de Sergio. Las organizaciones abandonan la plaza en paz. A dos cuadras, sobre la calle Perú, en el histórico monumento de la Manzana de Las Luces, un cartel macizo de cobre tiene estampada una frase con letras mayúsculas: “En este edificio se llevó a cabo gran parte de la historia de nuestro país”, y, abajo del marco, una foto de Santiago. Más abajo, una respuesta corta y eterna: “Sin justicia, la historia es una gran mentira”.