Lejos de significar un obstáculo para su carrera, la vuelta del neoliberalismo a la Argentina refrescó la sensibilidad del músico Ignacio Copani, que en una charla exclusiva con El Grito del Sur habló de la actualidad del género musical que lo identifica y de los lazos que unen al mundo artístico con la política. "El cancionero popular debería tener mucho más contenido", dispara.

A sus 58 años, Ignacio Copani sigue siendo el mismo entusiasta y soñador de aquella convulsionada década de los 80 que lo vio salir a la luz como el irreverente músico de la sana rebeldía en su ADN. Viajero incansable, buscador de públicos locales y exiliados que lo siguen en todas partes del mundo, Copani se siente hoy por hoy en su trinchera más cómoda: los agitados tiempos neoliberales que volvieron a resonar en nuestro país no resultan para nada de su mayor agrado, pero lo cierto es que han renovado su loable espíritu de cantautor que genera sus mejores éxitos en los períodos más difíciles. Como es habitual, en ellos resuenan la referencia crítica e irónica acerca de la situación política, económica y social que atraviesa nuestro país.

“Hay un tono de melancolía más en ellos que en mí. Para ellos este tipo de actuaciones es bastante convocante. Como hace tanto que empecé a cantar y profesionalmente empecé en el extranjero (México), no es una posición rara para mí”, revela el músico sobre lo que fue su última gira por Estados Unidos y Canadá, donde lo recibieron cientos de latinoamericanos que disfrutan de su estilo. Desde su hogar, ubicado en el barrio porteño de Caballito, Ignacio Copani recibió a El Grito del Sur para expresar su visión tan particular sobre la música, la cultura y la política.

Llevás más de 30 años de trayectoria. ¿Qué punto de comparación se puede establecer entre el músico de los comienzos y el de la actualidad?

Estoy igual, con un poquito más de energía y un poquito menos de caudal de conocimiento. En esencia, es lo mismo. Tal vez me salían algunas canciones divertidas con más frecuencia que ahora, pero el análisis de la realidad -en el contenido del repertorio- es igual. De hecho, vengo trabajando hace más de 1 año con un espectáculo que se llama Temas Nuevos y los viejos que parecen hechos hoy. No porque tuviera la bola de cristal, sino porque estamos en un tiempo mundial neoliberal que, si bien viene enmascarado en nuevos envases, no trae ninguna novedad. Y el liberalismo que trae está muy lejos del de Benito Juárez o de aquel que era impulso de libertad. Es otro disimulo para esconder a los fachos de siempre: son conservadores porque quieren conservar el orden de la inequidad.

¿Cómo definirías tu música vista desde los repertorios actuales?

Es difícil, porque cada uno puede hacer la caracterización que se le dé la gana. De hecho, en el caso mío, cuando existían las disquerías era difícil la batea donde encontrarme. A veces estaba en latinos y otras veces en pop o en rock nacional. Cada uno tiene derecho a hacer el encuadre que le parezca. No tengo ningún problema en cómo definirlo. Incluso no me molesta cuando, tratando de invalidar cualquier propuesta que hayas hecho o tu propia capacitación, me adjetiven como artista ultra-K. El que quiere pensar eso, que lo piense.

Estamos en un contexto político nacional y regional parecido al de la década de los ´90, que significó tu salto a la fama como músico. ¿Sentís que volviste a la trinchera?

No, yo siempre estuve ahí porque los años en que yo podía tener mucha coincidencia con el poder de administración del Estado -el movimiento popular nunca ha tenido el poder que siempre tienen las corporaciones-, no me dediqué a hacer jingles para el Frente para la Victoria. De hecho, no tengo ni siquiera una cortina musical en los medios públicos que estaban en manos del kirchnerismo y del peronismo. Seguí haciendo canciones desde el lado crítico, pero desde la crítica al verdadero poder: a lo que yo entiendo que nos impide soñar con un mundo más igualitario. Siempre he tratado de cantar sobre mis propias convicciones, no especulando si en ese momento está en el gobierno tal o cual. No siento que ahora haya vuelto al lugar, sino que estoy en el mismo de siempre. Nunca me corrí del repertorio, que es una manera de ver al mundo. Los homenajes que yo puedo tener a lo largo de mi carrera son siempre a la gente de un mismo pensamiento.

¿Cómo se hace música de protesta o crítica desde la música en la actualidad?

Si sos honesto y querés ofrecer una obra conceptual, hay que hacer un esfuerzo para no caer en el chiste fácil que nos ofrece todos los días las burradas y los desaciertos de la gente de derecha. De hecho, ser de derecha es dar un paso atrás en tu concepción como persona. Es como si te faltara información y una mirada amplia. Es antiguo y primitivo: por eso, a lo mejor, se los ilustra como gorilas. Se podría hacer una canción en broma cada día con los dichos de la vicepresidenta, pero lo que uno tiene que hacer es ir hacia el metamensaje que están mandando cuando dicen -por ejemplo- que “sería demagógico que los jubilados ganen más”. Esas son las verdaderas cosas sobre las cuales hay que trabajar.

¿Qué fue, a tu entender, lo mejor que dejó el kirchnerismo en materia de política cultural hacia las grandes mayorías?

Yo no puedo determinar qué es lo mejor, pero yo creo que va de la mano con todas las demás cosas que han pasado. Se logró un ascenso en la dinámica de cuál es la demanda del público sobre sus creadores; para resumirlo, tal vez lo mejor es que hace 10 años la expresión humorística más popular era Café Fashion y ahora es Capusotto. Desde ese lugar se puede ilustrar el ascenso de la estética y la artística que el pueblo quiere. Como lo cultural no es un campeonato, cada uno puede poner el pilar donde quiera. Obviamente la cultura tuvo un impulso en el acceso y la inclusión del pueblo dentro de expresiones muy diferenciadas de otras épocas.

¿Y las limitaciones?

Más que nada en no llevar más cuerpo a cuerpo la lucha por la comunicación de la obra de los creadores. No necesitamos que las entidades de cultura municipal o provincial se conviertan en productoras de espectáculos, pero sí que todos los artistas podamos avisar que es lo que estamos haciendo. Y el mundo actual se convirtió en muy injusto a la hora de las posibilidades de promocionar que tiene un trabajador de la cultura contra una empresa. Cuesta lo mismo un afiche para un cantautor que para la empresa telefónica multinacional que recauda miles de millones de dólares. Y en eso las entidades de cultura no se comprometieron en ofrecernos las plataformas visuales y auditivas que existen: un cacho de pared, un contrafrente de un kiosco de diarios, etc. Se luchó por la Ley de Medios, que ha sido una derrota que me provocó mucha tristeza.

¿Qué opinás sobre la politización que se dio en el mundo del espectáculo en los últimos años y las diferentes posiciones en torno a los modelos de país?

Insuficiente. Me hubiera gustado que fuera más todavía. Más que en la polémica y la discusión, me hubiera gustado más que esté en los contenidos y la realidad es que no está. No está el registro cultural de lo que fueron los últimos tiempos: no hay muchos cuadros ni muchas canciones, esculturas ni danzas referidas a eso. Hay un problema con la falta de difusión, pero no puede ser que cuando queremos ilustrar una situación, vayamos siempre a un tema de Charly o de León. Tendría que existir ya el Charly o el León de 20 años y que tuviera mucho más contenido el cancionero popular.

¿Qué está faltando entonces para poder explotar más esta arista que une a la música con la política?

Yo creo que algo de creación debe haber, lo veo con las murgas por ejemplo y con algún cantante que por casualidad te cruzás. Pero no lo logro identificar a nivel masivo, no lo va a escuchar mi vieja. Encima hay una censura en los medios hacia todo lo que tenga ese mensaje. Yo soy mucho más lo que soy por las canciones de rock nacional que escuché que por los editoriales mejor preparados de un diario o de una revista. Yo aprendí mucho más con una canción de Serrat o de Piero y creo que hay una necesidad en la formación del pensamiento crítico de tener esa opinión de los artistas, que siempre deja una huella más profunda que la técnica de la crónica periodística.

¿Cómo te ves de acá a los próximos 10 años?

Casi a punto de jubilarme. Ahora tengo 58 años y estoy seguro que van a llevar la edad de jubilación a los 70, así que estaré ahí arañando para tener dentro de un par de años más alguna recompensa (risas). Pero hablando en serio, me veo todavía con energías y en el escenario, me gusta mucho y no entiendo la vida de otra manera. Es lo que me tocó y tuve mucha fortuna en elegir y en luchar por tener a mi propia vocación como trabajo. Todavía tengo proyectos y ganas de hacer cosas. Me da alegría haber elegido esto, que no te retirás nunca como es el caso del deporte.