Mariana Dopazo, hija de Miguel Osvaldo Etchecolatz, difundió un escrito en las redes sociales en el que expresó su desacuerdo con el beneficio otorgado al represor. "Nadie puede venderme el discurso del viejito enfermo que merece irse a su casa" apuntó.

A través de un texto publicado en la página de La Garganta Poderosa, Mariana Dopazo, de 47 años, contó cómo se sintió al enterarse de que Etchecolatz saldría de la cárcel. “Todo se convirtió en silencio. No pude pensar, ni hablar más. Así estuve la noche entera, tratando de salir de la oscuridad.” escribió.

Dopazo hizo un repaso por la cruda infancia que le tocó atravesar: “Crecí entre situaciones traumáticas, en plena soledad, porque vivir con Etchecolatz significaba no tener paz, hacer lo que decía y acostumbrarse al miedo de abrir la boca, porque podría venirse la respuesta más terrible”. También recordó el proceso que transitó al cambiar su apellido “cuando el Juzgado de Familia autorizó a deshacerse del apellido teñido de sangre, en 2016, para suplantarlo por el del abuelo materno”. “Creí que había terminado una etapa”, dijo, “sin embargo, la intención de beneficiar a los genocidas con el 2×1 me angustió y me impulsó a marchar por primera vez. Sentí que la Justicia había dejado de ser justa en materia de crímenes de lesa humanidad y empezaba a desampararnos.”

Más adelante, cuestionó los motivos por los que el Tribunal Oral Federal N° 6 dispuso la prisión domiciliaria para el múltiple condenado por delitos de lesa humanidad. “Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos. Por eso, a mí que no me lo vengan a contar. Nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa”, apuntó.

Habló sobre los numerosos casos en los que otros genocidas, 549 más precisamente, consiguieron dejar la cárcel común para cumplir el arresto docimiliario, pero aseguró que Etchecolatz es diferente porque “representa lo peor de esa época” puesto que en todas las ocasiones en las que fue juzgado, jamás se mostró arrepentido de haber manejado 21 centros clandestinos y de participar en el secuestro, tortura y asesinato de personas durante la última dictadura.

Lamentó el ataque a las banderas de Memoria, Verdad y Justicia enarboladas en los últimos años, considera que lo “justo y reparador sería que Miguel Osvaldo Etchecolatz estuviera para siempre en una cárcel común” y se mostró esperanzadora al expresar que “no pudieron vernos retroceder. Y tampoco van a poder”.