Malena Rubinstein, socióloga y militante popular, nos cuenta en primera persona su experiencia del primer encuentro de mujeres indígenas por la libertad de lxs presxs politicxs sucedido el 8,9 y 10 de diciembre en la provincia de Jujuy.

“Quiero que los verdaderos tupaqueros nos levantemos entre nosotros y que no haya nadie, nadie, que los haga agachar la cabeza. Por eso compañeros, amigos, hermanos, ¡Jallalla!” Milagro Sala

La asamblea comenzó mucho antes de subir al micro. En la sede de la calle México, el jueves desde temprano, decenas de mujeres organizaban y clasificaban las donaciones que se habían acercado, ultimando los detalles del viaje que se había propuesto dos meses atrás, en Chaco, durante el XXXII ENM. En el local, un compañero de la Tupac de Buenos Aires ya empieza a dibujar lo que va a ser el encuentro, un fin de semana repleto de anécdotas, relatos y sentimientos. Contaba que a la flaca la veías siempre en las actividades, con sol o con lluvia –un augurio de lo que íbamos a encontrarnos en Jujuy- y que él la estaba esperando para volver a las calles. Entre las cajas y bolsas de donaciones que subían a los micros asomaban también dos máquinas de coser a pedal para las cooperativistas que supieron erigirse formando miles de puestos de trabajo en Alto Comedero, hoy desmanteladas por un gobierno que solo ampara a las economías concentradas.

Algunas horas más tarde de lo previsto prendieron los motores y encaramos el camino a  San Salvador de Jujuy. En el trayecto nos encontramos compañeras de todas las edades, de distintas organizaciones políticas y sindicatos. Escuchamos las vivencias de mujeres que comenzaron su militancia en los años ’70 enfrentando a las políticas más siniestras de nuestra historia, otras que se organizaron en los ’90 cortando rutas para llevar comida a sus casas. También estábamos las que nos sumamos a esta travesía en la última década y que poco entendíamos del significado de militar en un ciclo político regresivo. Entre todas estas mujeres estaba Leti, de 77 años, a la que en ningún momento de los tres días se le borró la sonrisa de la cara. Cuando volvíamos para Buenos Aires pudimos improvisar una pseudo ronda en el micro para compartir conclusiones y sensaciones del viaje, ella –militante feminista- contó que no quería perderse la posibilidad de acercarse a Milagro una vez más y ser parte de una marcha histórica que reclamó la libertad de Gladys Díaz, Javier Nieva, Mirta Aizama, Milagro Sala, Mirta Rosa “Shakira” Guerrero, Alberto “Beto” Cardozo y Graciela López, presxs políticxs que condujeron e iniciaron la organización de la Tupac.

La noche del viernes nos encontró en la capital de la provincia más nórdica del país. Nos recibieron en la sede central de la organización, que viste cuadros del Che, Abdala, Tupac Amaru, Perón y Evita. Hay fotos de mujeres trabajando en la construcción de viviendas y rezan inscripciones en las paredes; “Campesino, tu patrón no comerá más de tu pobreza”. El edificio cuenta en su entrada con un museo de poblaciones originarias de todo el país y entre las exposiciones retengo con más fuerza la figura de Micaela Bastidas, compañera de Tupac Amaru, conductora de las luchadoras andinas y encargada, entre otras tareas, del aprovisionamiento de las tropas independentistas. Micaela fue brutalmente asesinada, luego de ser torturada por no haber entregado ninguna información sobre el resto de las fuerzas revolucionarias.

Finalmente, después de muchas reuniones para la organización amaneció el sábado. La convocatoria de #JallallaMujeres con un sol de diciembre, salpicó la ciudad de colores, música y huipalas, pasando por la casa de gobierno de Jujuy -donde más tarde Morales realizó un acto por un nuevo aniversario de su asunción-, por el penal de Gorriti donde están detenidos Javier y Beto, hasta llegar al penal de Alto Comedero donde se encuentran detenidas Milagro y el resto de las compañeras. En ese lugar la realidad y el presente histórico atravesaron los cuerpos. Era una imagen ensordecedora que calaba en lo más hondo; una columna de mujeres frente a las rejas del penal que separa a Milagro de su gente. La flaca enseguida se acercó para escucharnos y para cantar con nosotras, era un abrazo a la distancia mucho más fuerte que cualquier muro y mucho más grande que los metros que nos separaban. Durante más de una hora se escucharon mensajes de mujeres que representaron a todas las provincias, podíamos ver cómo ella saltaba y se abrazaba mientras el cielo se cubría de tormenta. El calor agobiante se transformó en diluvio tropical y viento andino, envueltas en las banderas permanecimos hasta terminar la asamblea.

Mientras esperábamos bajo la lluvia llegaron algunas mujeres que habían entrado al penal y en un abrazo infinito colmado de lágrimas se encontraban con el resto de las compañeras. Nos contaron que Milagro estaba contenta, que pidió el cancionero para cantar ella también, que ante las primeras gotas pidió que ninguna quedara bajo el toldo y se acercó más a la reja para darnos fuerza a nosotras. Ella a nosotras. Un grito de guerra resonó como eco en Jujuy, “Jallalla”, esa palabra quechua-aymara que significa pelear incesantemente para que se concreten los sueños. Es y fue la inscripción de una organización que le devolvió dignidad, voz y manos a un pueblo marginado, que enfrentó al poder económico concentrado de los responsables civiles de la última dictadura, construyó desde un terreno baldío instituciones educativas, centros de salud, piletas, fábricas, talleres, medios de comunicación y miles de viviendas. No fue mediante subsidios, las cooperativas cobraban por la construcción de viviendas, como lo hubiera hecho una empresa, pero de forma más eficiente, rápida y reinvirtiendo en la propia comunidad.

El movimiento feminista se organizó para recuperar lo construido, para que las mujeres sigan levantando bolsas de cemento, construyendo sus propias viviendas y ganando lo mismo que sus compañeros varones, tal como ocurrió en las cooperativas de la Tupac. Milagro, su sangre originaria y su fuerza de mujer no saben de rendirse. Colla que inició su militancia en la década del noventa, organizando copas de leche y desde el peronismo en ATE. Se endureció por su historia, pero sin perder la ternura jamás concretó muchos sueños inadmisibles para un gobierno cuyos socios manchados de sangre, misóginos y racistas, solo conciben al pueblo como mano de obra barata.