El Colectivo de Varones Antipatriarcales de Buenos Aires existe desde 2012, y quienes lo integran llegaron hasta allí transitando distintos caminos, pero con un punto en común: la incomodidad que les genera la idea de la masculinindad impuesta en nuestra sociedad. La pregunta fundamental es ¿Es posible transitar otras masculinidades que se corran de las categorías hegemónicas que la sociedad patriarcal le asigna a los varones?

Como mujeres sabemos que no todas las demás compañeras deciden comenzar el proceso de deconstrucción ni militar el feminismo, a pesar de ser las perjudicadas por el sistema patriarcal. Frente a esta situación me pregunto: ¿por qué un varón, que nunca en su vida tuvo contacto con ideas feministas, y que vivió aprovechándose de los privilegios que le brindaba el patriarcado, elegiría deconstruirse genuinamente y defender la causa feminista? ¿Existe la posibilidad de que algún día, un hombre se levante y diga “Hoy voy a empezar a cuestionarme mis privilegios”?

Hay doce chicos que piensan que sí, y que hacen de eso su militancia. A través de talleres en escuelas y en organizaciones ayudan a difundir, problematizar y replicar una mirada interesante del feminismo y las masculinidades, que apunta a una deconstrucción genuina del varón y de sus formas de relacionarse con las mujeres; o más bien, con los cuerpos feminizados.

El Colectivo de Varones Antipatriarcales de BSAS existe desde 2012, y quienes lo integran llegaron hasta allí transitando distintos caminos, pero con un punto en común: la incomodidad que les genera la idea de la masculinidad impuesta en nuestra sociedad. Varios se identifican como parte del colectivo LGBT, aunque no todos, pero lo que los convoca es la necesidad de un espacio seguro para poder hacer cosas que, en otros lugares, no estarían “bien vistas”: cosas sencillas, como demostrarse afecto. En definitiva, lo que buscan es “problematizar prácticas, reconvertirlas y transformarlas”.

“Si te fijás, cuando los hombres ‘paki’ se dan un abrazo, se dan tres palmaditas. Yo digo que esas palmadas significan: ‘no-soy-puto”, afirma uno de los integrantes del colectivo, que cuestiona el por qué los pibes no pueden demostrarse cariño real sin poner en duda su masculinidad.

“Entendemos que ‘varón’ es una categoría que representa una relación desigual; el varón es el sujeto político que oprime y violenta a las mujeres, a otros varones, y a otras identidades sexo-genéricas que no se ajustan a la norma cis-héteropatriarcal. Y en esa bolsa entramos todos, aunque no nos guste”, asumen los integrantes.

Entonces la pregunta fundamental es ¿Es posible transitar otras masculinidades que se corran de las categorías hegemónicas que la sociedad patriarcal le asigna a los varones? (El varón como proveedor, fuerte, agresivo, defensivo, líder, etc).

Ellos también tienen debates sin zanjar: ¿puede un hombre ser feminista? ¿Puede el patriarcado ‘oprimir’ a los hombres? A la primera pregunta contestan fundamentalmente que sí, y a la segunda, que no pueden hablar de ‘oprimir’, pero sí de poner en un lugar de incomodidad. Pero todo con reparos: ellos debaten continuamente estas cuestiones, de forma horizontal y autogestiva.

Yo les planté la mía: ¿qué hacer con los machos? Porque ellos, definitivamente, son la excepción que confirma la regla. “Hablar del ‘macho’ como una masa gigante que hay que deconstruir parece un trabajo imposible”, comentan, “es como decir ‘hay que derribar el capitalismo’”. De todas formas, entienden que se puede militar el feminismo desde lugares más puntuales: no siendo cómplice de chistes o comentarios machistas cuando un varón los enuncia; interpelarlo cuando da por sentado ciertas creencias que tienen que ver con lineamientos patriarcales; marcarle cuáles son sus privilegios; denunciar y acompañar a las compañeras cuando haya que escarchar a un acosador; etc.

Además de su participación promoviendo lugares de encuentro y debate en organizaciones políticas y bachilleratos, articulan su militancia con otros grupos de varones antipatriarcales de distintas partes del país y latitudes latinoamericanas. También actúan dentro de organizaciones donde hay compañeros acusados de abuso. “Siempre que vamos es porque nos llaman compañeras para que abramos el espacio de debate”, cuentan, y comentan que se está activando un protocolo para expulsar a los machos violentos y abusadores dentro de los partidos.

Los integrantes de “varones antipatriarcales” no quieren tomar la posta de nuestra lucha, no les interesa ser protagonistas del movimiento feminista ni ponerse en un lugar de víctimas que no les corresponde. Pero sí invitan a los compañeros a protestar, a cuestionarse y a denunciar; y sumar voces de protesta al movimiento de mujeres porque, valga la redundancia, todo suma.