A raíz de denuncias de abusos en el ámbito mediático, hubo una nueva avanzada y el feminismo llegó a ocupar el horario central de la tarde televisiva. Malena Pichot, Florencia Feijo, Julia Mengoloni y Luciana Peker pasaron por el living de Intrusos para dar su opinión y explicar que es el feminismo. La revolución (feminista) sí será televisada.

Rial con un pañuelo verde atado en la muñeca, aquellos que representan la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, los que reparten las socorristas en red, los que veo abrazados a las nucas de mis compañeras en las movilizaciones y que colorearon la ciudad de Resistencia el octubre pasado. Tranquilamente podría ser un meme -ya existe uno de Eduardo Feinmann con el mismo pañuelo y un porro en la otra mano- sin embargo, en este caso la realidad supera a la ficción.

Que el feminismo no se calla nada lo demostramos hace rato y por eso las palabras de la periodista Luciana Peker “La gente de poder tiene miedo de que las mujeres hablen” suenan coherentes con el discurso. Sin embargo, que estas frases -más cercanas a los carteles de una marcha que a un zócalo de Canal América- sean debatidas en el programa de chimentos más popular de nuestro país es un fenómeno particularmente innovador. No es cuestión de olvidar el prontuario de Jorge Rial ni su particular capacidad para cosificar el cuerpo femenino que comparte con otros conductores de TV. Sin embargo, que el gurú del drama mediático haya planteado frente a 4.3 puntos de rating la dificultad que tienen las personas trans para conseguir trabajo y la necesidad de debatir acerca de las muertes por abortos ilegales es una ola a favor que no podemos desaprovechar . Gracias a los avances de los últimos años gran parte de la población ya no apoya las actitudes más grotescamente machistas. El repudio a las palabras de Cacho Castaña igualando un acto de placer a una violación fue masivo. Sin embargo, el machismo es tan original como inclaudicable y busca mimetizarse para continuar arraigado en el sentido común.

La mediatización del debate feminista surge en parte -sin desmerecer la lucha que se viene realizando hace años- por la ola de denuncias sobre abuso sexual en el ambiente Hollywoodense. En Argentina este suceso se hizo eco, y tuvo como detonante las denuncias de Calu Rivero hacia Juan Darthés. No poco se discutió en esta seguidilla de encuentros feministas en el living de América acerca de ellas: las pruebas de su veracidad,  las opiniones de otros artistas y la decisión de no llevarlas a la justicia si al día de hoy aun se sigue cuestionando la legitimidad de los testimonios de abuso -a pesar de la exposición y la incomodidad que conllevan en la víctima- no es solo porque pervive el pensamiento tradicional y machista, sino porque en Argentina el feminismo avanza a un ritmo hermosamente constante en el cual muchxs quedan desfasadxs .

Cuando otras actrices declaran haber vivido las situaciones similares a las de  Calu “sin haber hecho tanto escándalo”  es porque su pensamiento ha quedado a décadas de distancia de la agenda actual -como si el machismo fuese un celular viejo al que solo le cupiera la primera versión de Instagram.

Hace tiempo las mujeres hemos decidido repensar las reglas del juego. Cada vez está más claro que el límite no se pasa y la consignas NO ES NO y nosotras no nos callamos más se hacen carne en el movimiento. Exigimos que el consentimiento no se trate solamente de palabras. Si nuestra actitud o nuestro lenguaje corporal indica que estamos cediendo a tener sexo por culpa, por mandato o insistencia se esta corriendo el límite.

Un ejemplo de esto es el caso del guionista estadounidense Aziz Ansari, quien a pesar de mostrarse interesado por las cuestiones de género en su trabajo fue denunciado por la mujer que se fue llorando de una cita con él. Si bien los dos confirmaron haberse encontrado y haber tenido relaciones sexuales, la experiencia de ambos fue diametralmente opuesta. Cuando la actriz anónima dijo haberse sentido forzada por la insistencia y los modos de Anzari, este jamás se percató. La desconexión total o la poca importancia con el otrx que supone no haber sido consciente de la incomodidad ajena, demuestra que aún queda mucho por construir incluso con aquellos que intentan en mayor o menor manera ser nuestros aliados.

Dentro de los hombres cis heterosexuales hay cierta población para la cual las discusiones de género ni siquiera forman parte del espectro y ahora se encuentran desorientados frente a hijas/sobrinas/hermanas o incluso jefas feministas -el mismo Rial repitió a drede que su hija era parte del movimiento-. Para este grupo cambiar implica decidirse a dejar la posición dominante y transitar el incómodo proceso de cuestionar y perder sus privilegios, el mismo conductor de Intrusos se definió como macho en recuperación.

Es esperable que figuras como Facundo Arana se espanten cuando se cuestiona la pareja monogámica o el amor romántico -en el cual la maternidad sería la realización de la mujer-  pues mientras que a muchas los estereotipos nos oprimen a Arana hace años que le dan de comer.

Sin embargo, muchas veces aquellos hombres cis heterosexuales que intentan acompañar la lucha feminista también se quedan con una versión vieja de la aplicación  -continuando la metáfora millenial-. Si hace tiempo dentro del feminismo se plantea cómo y qué espacio se le debería dar a los hombres cis es cada vez más claro que el papel que reciben en esta película es el de de actores de reparto. No existe una sola manera de transitar el feminismo sino muchas, algunas incluso por momentos se chocan entre sí. Sin embargo, si lo que queremos es un feminismo sororo y compañero que respete y construya en conjunto, es necesario ser escuchadas. Es momento de que los varones cis que nunca han sido discriminados por su género dejen de creer que tienen el termómetro para calcular el feminismo de la compañera (una especie de feminimetro?) y den un paso al costado.

Frente a esta semana de feminismo pochoclero que nos encontró a muchas investigando sobre cual era la señal de América y a otras las descolocó en su programa habitual de la tarde, hay algo que queda cada vez más claro: las mujeres no queremos que nos relaten el partido, tomamos la posta y agarramos el micrófono. Con los diferentes estilos, trayectorias, debilidades y fortalezas las cuatro invitadas de Intrusos demostraron que las mujeres ni sumisas ni devotas ya no soportamos que el macho de turno traduzca nuestras conquistas. Si nos han inculcado de manera más o menos explícita que a las mujeres nos tocaba estar calladas, tomar la voz -en las calles, en las redacciones o en el aire de la tv pública- es un acto político. Si el interés de los varones cis es legítimo deberán aprender que a veces por contradictorio que parezca el aporte es no hacer ningún aporte y la mayor toma de posición es quedarse callados y aprender. Sino los invitamos a ver Intrusos.