El proyecto de ley por la interrupción legal del embarazo empezó a discutirse ayer en el Congreso Nacional. Un mes después del pañuelazo convocado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, miles de mujeres volvieron a movilizarse, esta vez frente a la Quinta de Olivos.

La calle Maipu se tiñó de verde. Una ola compuesta por mujeres y hombres de todas las edades llegó hasta la Quinta de Olivos portando ese color en forma de pañuelo, atado en el cuello, en la muñeca o en la mochila, acompañado por una sola consigna: “Aborto seguro y gratuito en el hospital”. A un mes del primer pañuelazo del año y mientras el proyecto de ley que tiene en vilo al país comenzaba a discutirse en el Congreso, la Campaña por el aborto Legal, Seguro y Gratuito repitió su convocatoria, esta vez frente a la residencia presidencial, que estuvo fuertemente custodiada por Gendarmería y por camiones hidrantes apostados sobre la calle Antonio Malaver.

El público fue variado. Dieron el presente quienes fueron convocados por organizaciones y partidos políticos y quienes por distintas razones quisieron estar. Amalia, de 74 años, dijo no estar a favor del aborto en sí, pero sí a favor de un Estado presente que despenalice una práctica existente que pone en riesgo la vida de las mujeres. “La penalización es un desamparo de políticas públicas que deja miles de mujeres muertas, la mayoría pobres”, dijo. Amalia es abuela y vestida de verde desde la puna de sus pies, el pañuelo en su cuello la contiene y la abraza.

Los números desnudan una realidad que supera la ficción. Según los datos oficiales, en Argentina se realizan 500 mil abortos por año. En términos de costos un aborto quirúrgico en una clínica privada cuesta alrededor de los 20 mil pesos y el procedimiento realizado con pastillas de Misoprostol cuesta cerca de tres mil.

En Argentina, el 75 por ciento de las mujeres tiene ingresos menores a los 12 mil pesos y las más pobres no llegan a los dos mil, mientras que cada 3 horas una niña entre 10 y 14 años tiene un bebe. Abortar en condiciones seguras es un derecho cubierto para la clase media alta y una sentencia de muerte para quienes sufren la pobreza. El aborto inseguro es una de las principales causas de mortalidad para las personas gestantes y en estas circunstancias se puede afirmar que  donde hay una necesidad hay negocio.

Julieta -30 años- es mamá de dos hijos varones. Uno no supera el metro, el otro está en sus brazos y balbuce riéndose. Julieta sostiene estar a favor de la vida y por esa razón concurrió acompañada de sus hijos “soy mamá y estoy a favor de la vida, por eso mismo estoy a favor del aborto legal seguro y gratuito, hay mujeres que mueren o quedan mutiladas por las interrupciones de embarazos ilegales, y la mayoría son pobres”.

Jorge tiene bigote, pelo gris y un pin de Evita en su camisa. Es vecino y militante de la zona. Para él el error está en que los medios, el gobierno y la iglesia intentan marcar una dicotomía moral entre aborto y vida. La discusión es sobre una ley que sostenga la educación sexual, la anti concepción y la interrupción del embarazo en los hospitales públicos.

A lo largo de la jornada se realizó una radio abierta con personalidades del campo feminista y se acompañó desde las redes sociales con el hashtag #AbortoLegalYa”.

El Pañuelazo demostró ser una de las tantas intervenciones que pretende dar el feminismo para que el Poder Legislativo no pueda darle la espalda.

 

Si en Argentina hay 500 mil abortos por año y es un hecho que es la principal causa de mortalidad de personas gestantes, mantenerlo ilegal es perpetuar una hipocresía de clase.

Como diría René Favaloro en 1998: “Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas”.