Se realizó la primera cesión para la aprobación de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo, un hecho histórico para el movimiento feminista. Durante ocho horas quince oradores con diferentes posturas dieron su opinión al respecto, mientras afuera organizaciones e independientes acompañaban dando su apoyo a la campaña por el aborto legal seguro el gratuito.

Nadie preveía que el día en que cayeron las torres gemelas iba a ser histórico, el día que mataron a John Lennon no sabíamos que pasaría a ser inolvidable, antes de saber que el hombre pisaría la luna, no teníamos certeza de que ese momento marcaría la historia. Desde hace tiempo las mujeres argentinas sabíamos que para nosotras el 10 de abril a cambiar el mundo. Lo veníamos palpitamos desde hace meses. La excitación, la ansiedad, la búsqueda urgente de cada artículo periodístico o debate televisivo, el verde como consigna y trinchera, como distintivo para reconocernos, como cofradía y complot. Todo preludiaba una espera que si sería dulce.

Ayer comenzó en Diputados el debate por la ley de interrupción legal del embarazo (ILE), lo que marca una hito en la larga lucha que viene realizando el movimiento feminista desde la vuelta de la democracia. Aunque es la sexta vez que se presenta el proyecto de la Campaña, nunca tuvo tanta llegada social como ahora.

El día comenzó con cientos de mujeres que manifestaron su adhesión al proyecto desde distintos puntos del país, identificadas con pañuelos verdes de la “Campaña por el derecho al aborto legal seguro y gratuito”. En el Congreso porteño los pañuelos, atados al cuello o a muñeca, aparecieron desde antes de las 10 de la mañana, hora estipulada para el inicio de la sesión. La jornada de actividades organizada por la “Campaña por el aborto legal seguro y gratuito” comenzó con un taller de “Educación sexual integral lúdico” y continuó con diversos paneles de especialistas y una radio abierta que acompañó, conducida por Malena Pichot y Sr. Bimbo.

Con el correr de las horas la concentración se convirtió en una pequeña multitud y entre la algarabía y la humedad los pañuelos también hicieron las veces de remeras. Gritos, bombos y canciones brotaron de las mujeres brillosas, mezcladas entre si. Mujeres manifestándose con los pechos desnudos frente a las esculturas de Lola Mora, que en 1910 fueron tildadas de impúdicas por este mismo motivo.

Frases en remeras, parches y pancartas.Una chica que desliza su índice empapado de pintura violeta sobre la espalda de otra. Recuerda los rituales precolombinos y, en una caricia suave pero contundente, delinea sobre el cuerpo ajeno la frase “que sea ley”.

En las calles una red de compañeras regulaba y aseguraba que la manifestación sea pacífica en todo momento, quitándole el festín diario a los medios amarillistas. Entre conocidas y desconocidas urdíamos una la red sorora (y sonora) de complicidades que, por necesidad pero también por gusto, ya tenemos muy aceitada.

Sobre la calle perpendicular -detrás de un cordón oficial- la manifestastantes en contra de la aprobación de la ley levantaba carteles rojos, al ritmo de “celebra la vida” de Axel. Mientras tanto el debate encabezaba todos los portales de noticias, “Crónica” titulaba “las pibas versus el medioevo”, y en twitter hace rato era trendic topic.

La consigna se repetía, se coreaba, se degustaba entre las risas y birras de una tarde candente: “que sea ley”. No quedaba duda, “que sea ley”. Como si fuera un hechizo que para tener efecto necesita que se repita “que sea ley

En el congreso

Dentro del Congreso hablaron en dos bloques distintos quince exponentes a favor y en contra de la aprobación del proyecto. Entre las oradoras del primer grupo estuvo Sandra Vázquez ginecóloga infanto juvenil del hospital Argerich quien explico: “Es lamentable trabajar con personas que dicen ser objetores de conciencia por la mañana en el hospital público y no lo son en sus consultorios privados por la tarde”.

Esta frase condensa en pocas líneas la hipocresía que pesa sobre el tema. Si la cuestión moral y religiosa es el argumento principal de quienes se posicionan en contra de la interrupción legal del embarazo (e insisten en igualar embrión con un feto) la contracara de la ilegalidad perpetua la especulación económica. El flujo de dinero de las intervenciones ilegales que se realizan en consultorios privados con profesionales y no profesionales de la salud  evade toda regulación impositiva aparte de no asumir responsabilidades legal sobre la salud de las pacientes.

Las ricas abortan y las pobres mueren. Se escribe en las calles, se canta en las marchas y lee en los carteles. Las ricas abortan y las pobres mueren. Porque el aborto existe, con perejil, con perchas, con agujas de tejer, en manos de matronas y también en clínicas limpias con puertas automáticas. El aborto existe y su ilegalidad solo perpetúa la mafia, pone en riesgo la vida de las más pobres, niega el derecho a la salud y condena a la clandestinidad con tratos crueles y humillantes a millones de mujeres.

Gracias al trabajo duro que realiza desde hace el 2003 la “campaña por derecho al aborto legal seguro y gratuito, a través de la investigación, difusión y concientización. Acompañado de comunicadoras, organizaciones políticas, y referentes públicas, se llegó a este momento histórico con un 54% de la sociedad a favor de la legalización del aborto

A lo largo de los siglos la mujer recibió mandatos sobre el rol de madre y cuidadora para el cual estaba supuestamente destinada. Miles de mujeres crecieron -y crecen- entendiendo la fertilidad como un estigma y la maternidad una imposición. Auspiciada por la iglesia, la sexualidad con fines reproductivos posicionó a los cuerpos gestantes como armas de doble filo. Por un lado, espacios puros donde se sucede “el milagro natural de dar vida”, por otro como territorios tentadores y peligrosos que deben ser constantemente vigilados y escatimados ante su posibilidad de reproducirse.  La doctrina judeo cristiana lleva siglos culpabilizando el placer y relegando la sexualidad a la necesidad de procrear o, en todo caso, al apetito masculino. Sin embargo, como dijo la filósofa feminista Dora Barrancos durante el primer bloque de discusiones parlamentarias “el placer sexual es un derecho de las mujeres que debe estar separado de la reproducción”

Perpetuar la ilegalidad de mujeres y disidencias sexuales a decidir sobre la posibilidad de gestar sólo perpetúa la moral añeja de un sistema para la cual es funcional que la mujer siga subsumida el rol de procreadora como deber y no como derecho.

Que en un momento en el cual son legales procedimientos médicos -como congelar óvulos o alquilar vientres- y las impresoras 3D son capaces de producir prótesis humanas, el aborto se mantenga en la ilegalidad es el máximo exponente de una sociedad en la cual la opinión de otros -que en muchos casos ni siquiera fueron invitados a opinar- está por encima de la de los propios de las mujeres y disidencias sexuales.

La necesidad de regularizar una ley de interrupción legal del embarazo viene intrínsecamente ligada a pensarnos como sujetas de derechos en primera persona, lo cual resulta un terremoto en los pilares que sostienen una sociedad configurada para que nuestras opiniones estén siempre bajo la aprobación de un padre, marido, patrón o el estado como máximo exponente del ego falocéntrico y patriarcal .

Por eso resulta histórico este momento. Aunque el discurso de la derecha intente darle el rédito íntegramente a un gobierno nacional retrógrado y que precarizó toda política en materia de género, el movimiento feminista logró que “lo imposible solo tarda un poco más” deje de ser el slogan de Nike para convertirse en nuestra coyuntura. Por eso para las mujeres y cuerpos gestantes el 10 de abril fue un día que cambió el mundo, nuestra primer pisada sobre la luna.