Gilda Cañete era vecina del barrio 21-24 Villa Zavaleta. El viernes 6 de abril falleció luego de un corto circuito por las malas condiciones edilicias del barrio. No es el primer caso en el cual el Gobierno deja desprotegidos a los vecinos y vecinas de las villas porteñas. Qué pasa cuando la lluvia deja de ser romántica.

Las tardes de lluvia en la 21-24 no traen besos húmedos ni largas horas mirando Netflix. Donde comienza la carencia, se termina el romance. En la villa 21-24, cualquier gota puede rebalsar el vaso o desatar una tragedia. El viernes 6, mientras el cielo lloraba las falsas acusaciones al ex presidente y líder popular brasileño Lula da Silva, Gilda Cañete, vecina del barrio Tierra Amarilla de la villa 21-24 falleció tras haber sufrido una descarga eléctrica.

Gilda Cañete tenía 37 años, era vecina del barrio y militante de la Corriente Villera Independiente. Feminista y madre de siete hijxs, tenía un corazón valiente -como su tocaya artista- que la llevó a luchar por la mejoras de todos. Gilda trabajaba en el barrio como recicladora recogiendo cartones y residuos de las casas contiguas. Según Mundo Villa, en la casa de Gilda ni Edenor ni Aysa habían terminado las reparaciones previstas, y como en gran parte del barrio, al llover, las cloacas se taparon por la mala calidad de los desagües. Ante esta situación ella misma tuvo que encargarse de sacar el agua de su casa con un balde. Mientras lo hacía recibió una descarga eléctrica que acabó con su vida.

Mario Gómez es delegado del barrio Zavaleta y vecino hace 24 años. Cuenta que toda la infraestructura de la villa se logró mediante a la autogestión. Fueron los propios vecinos quienes desde la llegada de la democracia se organizaron formando cuadrillas de trabajo para proveer al barrio de los servicios básicos. Sin embargo ante el constante crecimiento y la total indiferencia del gobierno la falta fue inabarcable. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires nunca se encargó de la profesionalización de lxs trabajadores ni de proveer los materiales necesarios. Totalmente relegada por el plan de urbanización macrista, la 21-24 alberga más de 60.000 vecinos que de forma -más o menos- precaria siguen lidiando con la carencia de los requisitos mínimos de una vivienda digna. Como cuenta Mario las medidas tomadas en los barrios más humildes de la Capital Federal no excede el maquillaje y no apuntan a ser auto sustentables marcando las desigualdades feroces que atraviezan la ciudad más rica del país.

No fue la primera vez que la infraestructura del barrio puso en riesgo la salud de quienes viven allí. El prontuario de antecedentes data desde el 2004 cuando vecinos del barrio Zavaleta y de la localidad de Avellaneda demandaron al estado y a 44 empresas privadas por la contaminación de la cuenca del Riachuelo. En esta denuncia, que se conocería como “caso Mendoza”, dejó sentada la inexistencia de sistemas cloacales eficientes. Aunque en ese caso las Corte Suprema de Justicia haya fallado a favor de los vecinos, haciendo responsable al Estado, al año pasado -nueve años luego de la sentencia- las condiciones insalubres persistían y solo el 35% de las familias afectadas habían sido relocalizadas.

En el 2014 la cámara de apelaciones nuevamente instó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para que tome medidas de forma inmediata para eliminar el riesgo eléctrico en sus aspectos más perentorios. Sin embargo la causa quedó cajoneada y las que condiciones defectuosas e inseguras.

La muerte de Gilda no sólo fue una tragedia evitable sino que es una evidencia más de la falta de interés del gobierno hacia políticas públicas de urbanización serias. La ausencia total de reacción por parte del gobierno y de difusión por los medios comunicación hegemónica solo es un recordatorio que para los que manejan los hilos del poder muchas veces una vida que no paga no vale.

Gilda Cañete era vecina del barrio 21-24 Villa Zavaleta. El viernes 6 de abril falleció luego de un corto circuito por las malas condiciones edilicias del barrio. No es el primer caso en el cual el Gobierno deja desprotegidos a los vecinos y vecinas de las villas porteñas. Qué pasa cuando la lluvia deja de ser romántica.

Foto: Emergentes