El ataque que EEUU, Francia y Gran Bretaña lanzaron el viernes pasado sobre Siria amenazó con darle al conflicto en ese país un nuevo e impredecible giro. Desde hace 7 años Siria es sinónimo de caos y sufrimiento pero entre el ruido de las bombas y los medios de comunicación poco acaba por entenderse

La primera piedra

Primero: así como los países que forman nuestra región, los países árabes se distinguen entre sí pero al mismo tiempo comparten suficientes aspectos que los conectan y unen. No sólo una lengua y una cultura mayormente compartidas; sino también cuestiones de su historia reciente y no tan reciente, como las relaciones económicas entre países o las formas en que las personas se relacionan con la política, entre otras. Desde que la mayoría de estos países alcanzó su independencia del colonialismo -hace poco más de medio siglo- han vivido cambios rápidos, a menudo violentos y traumáticos.

Los sucesos de 2011, en la llamada Primavera Árabe, permiten comprobar esto. En ese entonces, toda la región se vio sacudida por protestas y manifestaciones callejeras. El aumento de la desigualdad, la falta de salida laboral (en especial entre la juventud), la censura, la represión política y cultural, la corrupción y la ineficiencia de la clase política, estuvieron entre los muchos motivos que alimentaron los reclamos. Como en el 2001 en la Argentina, o en los años de cambios progresistas que siguieron en nuestro país y buena parte de Sudamérica, estas protestas significaron un acontecimiento inédito para toda una generación árabe.

Ataque aéreo de Estados Unidos a Siria

Ataque aéreo de Estados Unidos a Siria

No era la primera vez que se expresaba un deseo de que las cosas cambien, pero en algunos casos se trató de la gota que rebalsó el vaso. La paciencia de las mayorías y los acuerdos sobre los que se sostenía el orden se habían agotado. Algunos gobiernos con décadas en el poder se vieron contra las cuerdas. En países como Túnez o Egipto se celebraron las primeras elecciones libres de su historia, algo nada menor, más allá de que esto no haya arreglado automáticamente los problemas de fondo.

En otros países, una mezcla de represión feroz, control de los medios de comunicación y algunas concesiones para calmar los ánimos lograron apagar el fuego. Así fue en Arabia Saudita, Marruecos o Bahréin, pese a que en estos casos la persecución política no trajo indignación internacional, al menos de este lado del globo. ¿Será por la relación de amistad privilegiada que sus gobiernos guardan con EEUU y la Unión Europea?

Finalmente, otros países descendieron pronto al caos tras la crisis y el derrumbe de sus Estados, como ocurrió en Libia y Yemen, situación de la cual no se han recuperado. Allí las protestas acabaron derivando en una rebelión armada que pronto recibió financiamiento y promoción diplomática de actores externos. Incluso vimos intervenciones armadas, como las de la OTAN en Libia en 2011 o de Arabia Saudita en Yemen en 2015, que solo acabaron sumando nuevos padecimientos a una ya terrible situación social y humanitaria.

Tropas sirias con banderas de Rusia e Irán

Tropas sirias con banderas de Rusia e Irán

Quien esté libre de culpas

Siria tiene un poco de todo lo anterior y más. Su presidente, Bashar al Assad, ha encabezado el país desde el años 2000 tras ser nombrado por el partido de gobierno (el Ba’az) para suceder a su padre. Cuando ascendió, este médico especializado en oftalmología y educado en Europa, llegó acompañado de promesas de cambio. Pero la realidad pareció quedar por detrás de las expectativas.

Esto no quita que Siria haya vivido desde la segunda mitad del siglo XX profundos cambios sociales, económicos, políticos. Desde que se hizo con el poder en 1963, el partido Ba’az (parte de la tradición política del nacionalismo árabe) introdujo una agenda de reformas que incluyeron la gratuidad de la educación y la salud; la progresiva igualación de derechos para hombres y mujeres con la inclusión de las últimas en los distintos aspectos de la vida pública, la separación de la religión y el Estado.

Siria en ruinas

Siria en ruinas

Todo ello ha convivido con el autoritarismo y el monopolio de la política, sin duda, en una región que, por otro lado, está menos familiarizado con la democracia que nuestras sociedades, sacudida a menudo por conflictos militares, intrigas de poder e intervenciones extranjeras.

Y entonces, ¿qué pasó? De vuelta a 2011, una serie aumentaron su intensidad hasta alcanzar varias ciudades del país. A la par, algunos grupos armados comenzaron a enfrentarse con el ejército y la policía. En los siguientes meses la espiral de violencia comenzó a salirse de control y la participación civil fue desplazada por quienes estaban determinados provocar el fin violento del gobierno.

Destrozos en el norte de Siria

Destrozos en el norte de Siria

Para 2012 la insurrección armada ya estaba en pleno curso y la crisis del país había evolucionado a una guerra abierta. Incluso aquellos activistas que aspiraban a un cambio democrático empezaron a tener dificultades para expresarse frente a las milicias que decían representar a la oposición al gobierno. Grupos (como Al Qaeda, el Estado Islámico y otros similares) que no solo querían combatir al gobierno sino que también se oponen a la idea misma de democracia empezaron a ganar una influencia mayor; en su lugar, aspiran a instaurar su propia visión de cómo debe ser la sociedad, fundada en una ideología religiosa y profundamente conservadora.  Y no han dudado en recurrir a la fuerza y el terror para imponerse sobre sus enemigos y también sus aliados. En 7 años de guerra, viejas alianzas se han roto y nuevos actores se suceden continuamente.

Las internas violentas entre estos grupos (motivadas por ideologías o intereses materiales) suman más confusión y dificultan todo proceso de negociaciones para salir del conflicto. Atentados, torturas y ejecuciones de prisioneros o persecución contra minorías étnicas y religiosas han sido moneda común en su forma de actuar.

Bombardeo sobre Siria

Bombardeo sobre Siria

Peón de tu ajedrez

No pasó mucho hasta que estos grupos empezaron a recibir financiamiento y armas de auspiciantes en el exterior, motivados a veces por simpatías políticas y en otros casos por oportunismo.

Frente a la posibilidad de provocar un derrumbe del gobierno y rehacer el país, todos tenían alguna razón para reclamar su porción. Turquía, Arabia Saudita, Jordania, Qatar,  EEUU, Israel y la Unión Europea, poseen todos distintos grados de influencia y participación (directa o indirecta) en el conflicto. Desde programas para armar y financiar a algunas de las decenas de organizaciones armadas que han operado en el país; hasta bases e información con las cuales actuar, así como respaldo diplomático y mediático. Este apoyo irrestricto y su negativa a entablar todo tipo de entendimiento con el gobierno alargaron el conflicto de forma indefinida.

Guerra civil en Siria

Guerra civil en Siria

Será por las importantes reservas de gas que posee el país; por su posición estratégica en el corazón de Medio Oriente, donde convergen muchas importantes rutas comerciales; será también para perjudicar y debilitar la posición de algunos de sus principales aliados, como Irán y Rusia, que han prestado un apoyo económico y militar fundamental para  sostener al gobierno y hacer retroceder a los extremistas.

Lo cierto es que pese a las demostraciones de fuerza de los misiles y la indignación simulada frente a las cámaras, hay pocas señales de que el conflicto cambie de rumbo o finalice en el corto plazo. Se han hechos avances simbólicos en las mesas de negociaciones, con dos procesos paralelos teniendo lugar; uno en Ginebra auspiciado por la ONU, y el segundo sostenido por Rusia, Irán y Turquía.

Aún si el conflicto terminara en los próximos años, el país necesitará de enormes esfuerzos para reconstruirse, y más aún su sociedad para sanar las heridas. Millones de personas desplazadas de sus hogares, cientos de miles de muertes y desapariciones forzadas (las estadísticas ya pierden su valor), una generación entera traumatizada. Su suelo se ha convertido en el tablero donde potencias y actores internacionales se enfrentan para sacarse ventaja, quedando su pueblo como espectador de un destino que ya pareciera no pertenecerle. Siria contiene todos los desafíos y tragedias que enfrenta nuestro mundo en un muy inestable y cambiante siglo XXI.